Dolor vol.1

Estaba haciendo mi turno de trabajo en el hospital y me tocó trabajar de tarde.

Ese día me tocaba trabajar con un médico con el que nunca había trabajado.

Al terminar con todos los pacientes. Vino a mi consulta porque el ya se iba y se dirigió a mi mirándome mi (tremenda) barriga de tercer trimestre con Eren dentro dando unos patadones mortales.

Y me dijo:

– Te veo dentro de poco!

Me quedé pensando un momento ya que ese día había sido raro y además ese médico me había tratado con bastante condescendencia y no me había gustado mucho algunas cosas que habían pasado.

No entendí hasta pasados 15 segundos que me quedé fijamente mirándolo y entonces entendí porqué me decía que nos veríamos dentro de poco, ya que estaba hablando con un anestesista.

– Mi intención es no verle. Le respondí.

– Ya cuando estés en medio de todo el dolor querrás verme.

– Señor, es mi cuarto hijo, y no me importaría verle si es lo que deseo en ese momento pero como no ha llegado el momento no sé si le voy a ver si no, o si me voy a alegrar o si no…

Me molestaron varias cosas de esa conversación y puede ser que se haga como una conversación pre hecha, pero el hecho de que des por sentado de que voy a pedir epidural en un parto como parte de un proceso normalizado a la analgesia, a la eliminación del dolor persé y como si un parto se tratara de un SOTA, CABALLO, REY.

El paternalismo del: – Ya me llamarás, o querrás verme como parte de un discurso en el cual se centra en el dolor como una idea de la debilidad de la mujer por el hecho de no aguantar el dolor del parto o querer evitarlo.

Y es que este señor como muchas otras personas, parece que no se ha dado cuenta de varias cosas.

Empezando porque el dolor es algo individual y percibido, es decir, nadie te puede decir cuánto dolor estas sintiendo tu misma con lo que estés pasando.

Siguiendo porque el hecho de pedir analgesia en un parto o en cualquier otro proceso no te hace ni menos mujer, ni peor madre, ni más débil.

La diferencia muchas veces en los acontecimientos del parto tienen mucho que ver también con las personas que te acompañan, obviamente también entre otras muchas cosas que colaboran a sentir dolor en el parto propiamente dicho.

Pero si te acompaña una persona con que la cual está ya predisponiéndote a ponerte o no ponerte la epidural sin tener en cuenta qué quiere o qué no quiere la madre.

Quizá la conversación incluyéndome a mi como parte del proceso sería – Oye ¿has pensado si quieres ponerte epidural en tu parto? 

Y yo le hubiera respondido si en el proceso yo creo que la necesito, la pediré.

Quizá y sólo quizá de esa manera teniéndome en cuenta qué quiero, qué pienso y cuáles son los recursos a mi alcance en el caso de que decida que sí.

No hubiera pasado absolutamente nada si la hubiese pedido, lo ideal es que me hubieran advertido de los posibles efectos secundarios.

Y no, no lo vi en mi parto, tampoco hubiera llegado el señor a pincharme  en el caso de que lo hubiese llamado por como sucedieron las cosas.

Mi intención fue no verlo, y no lo vi.

Tu parto es tuyo y punto.


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